martes, 16 de junio de 2009

MOVIMIENTO URBANO

ImageChef.com - Custom comment codes for MySpace, Hi5, Friendster and more
5:15 a.m. Suena el despertador. Otros 10 minutos. Y diez más. Ducha sin desayuno y salida apresurada. La buena temperatura me permite ir paseando a la estación de bus y disfrutar del amanecer suave y coloridamente apacible. Duermo hasta Madrid. En Méndez Álvaro me da la bienvenida el rico olor a cafetería. No sucumbo a la tentación (quiero llegar cuanto antes a mi destino). Metro hasta la Universidad Complutense. Lo primero que hago es preguntar por un sitio donde saciar mi voraz apetito matutino y me dirijo directísimamente hacia él. La camarera y los que están a mi alrededor me dedican una mirada curiosa que intuyo va dirigida a todo lo que pido (el sándwich de pavo me lo tuve que guardar). Qué buena y sana costumbre madrileña la de las tostadas con aceite y tomate. Será una larga jornada. Voy tras algo de información relacionada con el mundo “raro” al que dedico mi investigación. Estoy acostumbrada a no encontrar apenas nada o, al menos, no fácilmente. La que podría hacerme de guía (la mujer del catedrático de mi área) no trabaja hoy. El campus es enorme y me toca andar como media hora para dar con las bibliotecas de las dos facultades que busco: Filología y Geografía e Historia. Disfruto de la novedad. No dejo de ver críos y más críos. Me siento mayor en el sentido más físico y negativo y no es frecuente. Luego, me entero de que todos aquellos críos están allí haciendo la selectividad. Entre examen y examen se organizan botellones por doquier para “hacerlo más llevadero” en el que se juntan con estudiantes del primer y segundo año de carrera que también están en periodo de pruebas. Se me hacen las 18h sin apenas darme cuenta. Y toca ir a la urbe a encontrarme con mi amigo Pablo. Llevo algunas fotocopias sin demasiada importancia. Algo es algo. El resto de fondos bibliográficos que necesitaba consultar solo se puede consultar en horario de mañana. Metro de nuevo. Variopinto y, en general, peculiar ambiente. Trasiego humano moviéndose en iguales direcciones como ganado. Cosmopolitanismo constreñido en un claustrofóbico espacio. Numerosas miradas con distinta nacionalidad, condición económica y social, y color se encuentran, se escrutan, se desnudan, se insultan, se caen bien, se ignoran, se comprenden, se incomprenden, se duermen, y se separan. Abandono la boca de metro. Me lo tomo con tranquilidad y aprovecho lo que me ofrece la magnífica tarde. Gente. Bullicio. Más gente. Y gente. Común ese generalizado gusto tan español por colonizar la calle. En este contexto adquiere olor y sabor a movimiento urbano. Cosmopolitanismo puebla las calles y las terrazas. Divertida conversación telefónica con una personita especial (cuyo deseo de no ver su nombre mencionado respeto). A la afirmación de mi condición de “alma rural”, me responde que lo digo así porque “realmente no sé lo que es vivir en un auténtico pueblo”. Tal vez tenga razón, tendría que probarlo. Al igual que el mundanal ruido de la ciudad. Tal vez pudiera adaptarme. Una temporada.
Al final del día me dirijo a mi autobús y una vez en mi sitio descubro que la señora de la taquilla me había dado equivocadamente para las 12 del mediodía y no para la medianoche (¿por qué narices no lo comprobé?). Vuelta a casa de Pablo. Aparecen un grupito de chicos surcando con sus monopatines el pavimento de La Latina y provocando mi envidia. Me entra uno de ellos, atractivo y seguro, con la simpatía y seguridad argentinas y me acompaña durante un par de manzanas haciendo que el ligero mal humor se esfume y aderezando la conversación con estrategias conquistadoras típicamente masculinas (que no enumeraré porque las conocéis bien). Pasamos por el lugar donde celebran el botellón al que he sido invitada. Puedo dejar mi equipaje y volver a hacerles compañía e, incluso, quedarme en su piso si me apetece. Aunque no sea más que implícitamente y algo mío, me siento comprometida emocionalmente así que, amablemente, declino la invitación. Por la mañana, entiendo la razón por la que tuve que quedarme: recibo una importantísima directriz para mi tesis por boca de mi profe favorito. 12 p.m. Ya puedo continuar mi viaje dejando más y más atrás ese pueblecito grande que es nuestra Salamanca rumbo al próximo destino: La Costa Blanca. Saludos con aire a playa.
Firmado;Elishaba

Episodio ocho; AQUI Y AHORA

ImageChef.com - Custom comment codes for MySpace, Hi5, Friendster and more

La primera fase del Trofeo Diputación prácticamente ha terminado y hemos asegurado el primer puesto del grupo. Hemos cumplido el primer objetivo que nos habíamos planteado y debemos felicitarnos por el trabajo bien hecho.

Ahora vienen los play-offs y en el formato actual de la competición no existen segundas oportunidades, por ello, tenemos que incrementar el grado de exigencia individual y sobre todo colectiva. Ya sé que todos somos conscientes de que el baloncesto es un deporte de equipo, pero no basta con saberlo, hemos de interiorizarlo y dar prioridad siempre al interés del grupo. En el último partido contra Carbajosa B (Ex-Cabrillas) dimos algunos pasos en la dirección correcta pero el margen de mejora aún es grande y hemos de aprovechar los entrenamientos programados que nos restan para afianzar lo conseguido y seguir avanzando. Como no quiero entrometerme en la excelente labor del Coach voy a dejar de lado los elementos técnicos y me voy a centrar en los psicológicos. Las aptitudes para la práctica del baloncesto que cada uno de nosotros tiene podemos considerarlas como dadas, ya que poco margen de mejora tienen hasta que comience la fase final. No ocurre lo mismo con la actitud y el compromiso...

Si queremos acabar la competición satisfechos y orgullosos de nuestro desempeño, independientemente del resultado obtenido, tenemos que incrementar nuestro grado de compromiso con el equipo y con el juego; asumiendo en cada momento el rol que se nos asigne en pos del bien común sin fijarnos en aspectos más individuales del juego. El objetivo ha de permanecer siempre claro en nuestra mente: sumar acciones positivas para el equipo (ya sean puntos, rebotes, tapones, bloqueos, ayudas defensivas, contraataque, defensa, ánimos...), permanecer centrado, tanto en la cancha como en el banquillo, y jugar con intensidad. En este punto es necesaria una explicación más detallada pues podemos confundir el jugar con intensidad con algunos factores negativos. Tenemos que jugar intensos pero no por ello con precipitación o ansiedad. Hemos de conjugar la intensidad con un alto grado de concentración que nos haga estar totalmente inmersos en la tarea que desarrollamos en ese mismo momento sin preocuparnos de nada más. Es decir, hemos de jugar en el presente. En el baloncesto, como en todos los deportes y la mayoría de las actividades, se vive en el presente. Las acciones pasadas no deben anclarnos y desplazar nuestra atención de la tarea que desarrollamos en el presente. La teoría es muy simple y la efectividad de la misma está fuera de toda duda, sin embargo, aplicarla en tiempo real durante un partido requiere un trabajo anterior hasta que se consiga que sea un comportamiento automático. La cuestión es conseguir un feedback continuo de nuestro juego y siempre hacerlo de forma positiva, sobre todo si el examen proviene de nosotros mismos. La autoevaluación ha de ser continua e instantánea; si se trata de un error hemos de extraer una enseñanza positiva para el futuro, nunca castigarnos mentalmente por el error cometido y menos aún comenzar a darle vueltas en nuestra cabeza entrando en un peligroso círculo vicioso; si se trata de un acierto lo que hemos de tratar es de reforzar dicha conducta e incluso establecer metas con el objetivo de mejorar nuestro desempeño. Queda claro que no podemos realizar ninguna tarea de máxima exigencia anclados en el pasado.






Tampoco podemos perder la concentración y vagar en el futuro. En el deporte aquellos jugadores que abandonan el presente y comienzan a anticipar el desenlace de sus acciones, ya sea anticipando una victoria o temiendo una derrota, no pueden concentrar toda su energía en el presente que es donde se desarrolla la acción.
En definitiva, hemos de centrarnos en el AQUÍ Y AHORA.


Firmado por; Victor Roman