¿Os acordáis de la típica BH color rojo o azul de los ochenta? Mis abuelos nos regalaron una de cada color respectivamente a mi hermano mayor y a mí como premio a un buen curso académico y también como medio de entretenimiento durante la temporada de verano que pasábamos con ellos en su pueblecito valenciano, Picassent. Por aquel entonces mi bici era t
res veces más grande que mis seis o siete años lo que no parecía suponer ningún problema para pasar subida en ella gran parte de las tardes y de las noches. Con cinco pesetas que se convertían en cinco puro moros y mi gran imaginación vivía maravillosas aventuras recorriendo el que ahora tengo la noción de ser un reducido espacio. Han pasado muchos –muchos, de verdad- veranos y sigo disfrutando de ese fabuloso vehículo que se ha convertido en una elegantilla Orbea Street y mi principal medio de transporte. Con sandalias o tacones, ropa deportiva o minifalda, para pasear o ir al curro o a la compra, en cualquier estación del año –excepto en los días de nevada o chaparrón monumental-“mi burrita” siempre está a la altura y me lleva agradecida adonde quiera que le exijo ayudada por mis piernas. Esta semana me quedé un par de larguísimos días sin ella pues tenía que ser reparada y la eché realmente de menos. Ya vuelve a estar junto a mí. Fiel y sencilla me transporta cumpliendo su fundamental tarea.Por otra parte, es bien cierto que en los demás despierta tanto admiración o simpatía como recelo y antipatía. A lo largo de los tres años que llevo moviéndome en bici he oído cientos de piropos y comentarios graciosos montada en ella y alguna que otra maldición también. Es lo que tiene el no disponer de un lugar propio. Y es que una servidora no tiene más remedio que ir de la categoría que he decidido denominar “bicipeatona”, esto es, ir con la bici por la acera. Especialmente abueletes, hombres y mujeres maduros y unos cuantos polis han mostrado cierta animadversión. Ésto
s últimos, ejerciendo su autoridad de agentes públicos, me han instando a abandonar el centro urbano de la ciudad. Os aseguro que el par de veces que les he obedecido y he ido por la calzada he llegado a casa temblando de miedo. ¡Por favor, lo poco concienciados que pueden llegar a ser los conductores motorizados!Hablando un día con Sandra, Amaya y Nuria sobre el tema manifestaban su opinión amigablemente pero no demasiado favorable todo hay que decirlo. Los ciclistas en general no tienen buena prensa: hacen lo que quieren, son imprudentes, y pueden llegar a ser peligrosos para ellos y para el resto. Trataba de convencerlas de que puedes intentar ser un bicipeatón respetuoso. No creo haber logrado convencerlas..
Y es que, no sé cuál es vuestra opinión al respecto pero es algo triste y frustrante -por no llamarlo algo feo- que una ciudad tan “supermegacultural” y europea -o, al menos, de eso va- no tenga más en cuenta un medio de transporte que puede llegar a ser tan útil, económico y ecológico. En fin, una no pierde la esperanza y confía en que algún día la cosa cambie y se disponga de más facilidades (puntos de alquiler y préstamo, aparcamientos y carriles) en Salamanca.
Ah, y cada vez que alguien me dedique una mirada asesina o palabras hostiles, le contestaré amablemente..Sorry, but I♥MY BIKE.
¡Gozad de las vacaciones los que tengáis esa suerte! El resto trataremos de disfrutar el veranito igualmente.

Firmado ; Elishaba