martes, 9 de marzo de 2010

Proyecto "Blue Brain"





La corteza cerebral, esa masa intrincada de "materia gris" que supone el 80% del cerebro humano, es la responsable de nuestra capacidad de recordar, pensar, reflexionar, sentir empatía, comunicarse, adaptarse a nuevas situaciones y planificar el futuro. La corteza apareció por primera vez en los mamíferos, y tiene una estructura repetitiva fundamentalmente simple que es la misma en todas las especies de mamíferos.

El cerebro se compone de miles de millones de neuronas, cada una conectada a miles de sus vecinas por las dendritas y los axones, formando una especie de cableado biológico. El cerebro procesa la información mediante el envío de señales eléctricas de una neurona a otra a lo largo de estos cables. En la corteza, las neuronas se organizan en unidades básicas funcionales, con un volumen cilíndrico de 0,5 mm de ancho y 2 mm de alto, cada una de estas unidades cuenta con unas 10.000 neuronas que están conectadas entre si de forma intrincada pero coherente. Estas unidades funcionan como los microcircuitos en un ordenador. Estos microcircuitos, conocidos como columnas neocorticales (NCC), se repiten millones de veces a través de la corteza. La diferencia entre el cerebro de un ratón y el de un ser humano es básicamente el volumen - los seres humanos tienen muchas más columnas neocorticales y por lo tanto mas neuronas que los ratones.
Esta estructura se presta a un enfoque de moldeado sistemático. Y, de hecho, el primer paso del proyecto Blue Brain es recrear estos microcircuitos fundamentales, llegando hasta el nivel de las neuronas individuales de forma biológicamente precisa.
El proyecto Blue Brain es un intento de realizar ingeniería inversa del cerebro, para explorar cómo funciona y para servir como una herramienta de estudio e investigación para los neurocientíficos y los investigadores médicos. No es un intento de crear un cerebro y tampoco es un proyecto de inteligencia artificial. El Proyecto Blue Brain se centra en crear una simulación fisiológica para aplicaciones biomédicas.
El desarrollo actual de la tecnología impide tener unos objetivos más ambiciosos pero estoy convencido de que en el futuro seremos capaces de acceder y desentrañar los secretos que esconde el cerebro, de repararlo y también de aumentar su potencia. Ya sea mejorando la estructura natural de nuestro cerebro o apoyándonos en toda una nueva serie de accesorios que potenciaran nuestras capacidades intelectuales. No tengo duda que al igual que hace 10.000 años conseguimos domesticar algunos animales y plantas y dejamos de ser nómadas o hace 200 años comenzamos a crear toda una serie de máquinas para facilitarnos todo tipo de tareas en un futuro, atención, podremos abandonar la "prisión" orgánica de la que formamos parte para integrarnos en otro tipo de estructuras que no dependan de la química orgánica ni tengan sus mismas limitaciones. Ahí queda eso...