Aquí os dejo otra dosis más de realidad. Sólo una advertencia: si la mera lectura de estas líneas os produce incomodidad, la reflexión sobre estos temas, aunque sea superficial, podría provocar cambios irreversibles en vuestra concepción del mundo. Si experimentáis la sensación de vértigo es porque quizás vuestro edificio conceptual tenga daños estructurales que hasta ahora han permanecido ocultos. No os preocupéis, seguidme…
Durante muchos siglos disfrutamos de una concepción antropocéntrica del mundo, en la que el hombre era el centro del universo y la medida de todas las cosas. Desde esta visión, saltándonos el tenebroso camino por la Edad Media pasamos a otra más humilde, la heliocéntrica, cuando caímos en la cuenta de que realmente la Tierra giraba alrededor del Sol. No nos detuvimos ahí y continuamos con el proceso hasta desalojar al Sol del centro del universo. Comprobamos que nuestro astro rey no era más que una estrella corriente dentro de los miles de millones de estrellas que pueblan nuestra galaxia. Nuestra soberbia sufrió una cura de humildad aún mayor cuando hace menos de un siglo Hubble probó que la Vía Láctea es una galaxia más entre los miles de millones de galaxias que pueblan el universo. Quizá en el futuro se demuestre que nuestro universo no está sólo y que existe un megaverso colonizado por un número casi infinito de universos…
Ahora podemos tener una idea más aproximada del lugar que ocupa el ser humano: Nuestro hogar, la Tierra, da vueltas alrededor de una estrella mediana, el Sol, que junto con más de 200.000 millones de estrellas conforman la Vía Láctea, una galaxia más entre los centenares de miles de millones que existen. En pocos siglos hemos pasado de ser el centro del universo a no ser más que polvo de estrellas.
El Sol se formó hace 4.600 millones de años a partir de nubes de polvo y gases que contenían residuos de generaciones anteriores de estrellas. De los desperdicios generados en la formación de nuestro Sol se formaron los planetas, asteroides y cometas del Sistema Solar. Y en uno de esos planetas la vida se abrió paso. Así que realmente estamos constituidos de “polvo de estrellas”.
Tener presente el lugar que ocupamos en el Universo nos será de ayuda para aceptar con humildad que “el progreso de la vida es un movimiento casual de distanciamiento a partir de los inicios más simples y no un empuje dirigido hacia un estado de complejidad ventajoso por sí mismo”¹ y “que en último término sólo hay caos, ni intención, ni plan” ². Pero eso será más adelante…
Richard Dawkins “Escalando el monte improbable”
Peter Atkins “La Creación”
Firmado; Victor Roman