Entre dimes y diretes pretende ser una columna de las llamadas “de opinión” . Generalmente será la mía, claro, pero también se oirán segundas, terceras..o decimo quintas opiniones de aquí, de allá y de acullá. Y os doy mi palabra de que trataré de ser todo lo objetiva que pueda, y subjetiva. Y recatada y audaz. Abstracta y concreta. Lírica y prosaica. Exquisita y vulgar. Sublime y mediocre. Con aciertos y cagadas. Todo mío, eso sí. Y me diréis vosotros y os diré yo.. Y si nos gustamos, seguiremos. Y si no, lo dejaremos. Porque el universo muchachuiano –si se me permite la creación lingüística- es, hasta que se demuestre lo contrario, un rincón de expresión libre y, siempre que sea posible, con buen humor.
Alguno se preguntará qué tiene que ver el título de esta entrada con su contenido. La respuesta es, absolutamente nada. Lo que pasa es que el Presidente me lo dio como ejemplo de un tema sobre el que escribir (como podía haber dicho “la revuelta de los mamelucos”) y yo que soy muy obediente, y que hago lo que me da la gana, lo he tenido respetuosamente en cuenta. Para que no se diga, aprovechando la mención de la capital de Tailandia, os comento una curiosidad sobre ella. Resulta que -aunque el Libro Ginness de los Records parece encontrarle pegas a su reconocimiento- tiene el nombre más largo del mundo. Según la traducción de la wikipedia: ‘Ciudad de los ángeles, la gran ciudad, la ciudad de joya eterna, la ciudad impenetrable del dios Indra, la magnífica capital del mundo dotada con nueve gemas preciosas, la ciudad feliz que abunda en un colosal Palacio Real que se asemeja al domicilio divino donde reinan los dioses reencarnados, una ciudad brindada por Indra y construida por Vishnukam’. Evidente la importancia del trasfondo espiritual budista en este país, ¿eh? Bueno, Bangkok o“La ciudad de los ángeles”, para los amigos. No descarto escribir algún día sobre una de esas ciudades que seguramente apetece saber.
Firmado; Elishaba



