lunes, 19 de abril de 2010

"La realidad es solamente una ilusión, aunque una muy persistente." Albert Einstein




La percepción que tenemos del mundo exterior, ¿es la correcta? ¿Existe una realidad exterior objetiva?
Parece que la imagen mental que formamos en nuestros cerebros sobre el entorno en que vivimos es lo bastante precisa como para adaptarnos a él y sobrevivir con notable éxito. Pero en ningún modo podemos afirmar que lo que percibimos sea una imagen fidedigna del mundo en que vivimos y es que el cerebro humano en su largo recorrido evolutivo durante millones de años el único fin que ha perseguido es el de la supervivencia.
La información que recibimos del exterior es a través de nuestros sentidos pero la vía no es directa. El cerebro recoge toda la información proveniente de nuestros órganos sensoriales y la tamiza y procesa de forma diferente en cada individuo en base a la experiencia que cada uno tenga acumulada. Por ello cada persona tiene un visión particular de la realidad y aunque diferentes personas presencien un mismo acontecimiento las versiones pueden diferir enormemente.
No sólo se producen variaciones entre diferentes personas si no que el paso del tiempo también influye; los recuerdos que todos guardamos de las vivencias pasadas cambian con el paso del tiempo. Nuestro cerebro no actúa como una grabadora de video en la que una vez registrada una secuencia puedes reproducirla una y otra vez con absoluta fidelidad. Nuestro cerebro reinterpreta de forma inconsciente todos los recuerdos almacenados e incluso puede bloquear aquellos más dolorosos haciéndonos creer que nunca ocurrieron.

¿Qué conclusiones podemos extraer de la forma de operar de nuestro cerebro?
La realidad para los seres humanos es profundamente subjetiva y depende fundamentalmente del color del cristal con que la miremos. Todos los seres humanos disponemos de una serie de “lentes” que distorsionan la realidad: unas son de tipo cultural; es obvio que la cultura impone una serie de valores y prejuicios que nos predisponen a interpretar determinadas situaciones en la dirección predominante que impere en ese momento dentro de la sociedad en la que vivamos. Otras son propias y dependen principalmente de nuestras experiencias pasadas, sobre todo las acaecidas en la infancia y no me refiero sólo a los traumas que hayamos sufrido.
¿Por qué el cerebro se comporta así? La respuesta más coherente es que en algún momento de la evolución estas características fueron decisivas para la supervivencia de nuestra especie. Seguro que el contar con una mente emocional que pudiera asociar determinados estados de ánimo a hechos concretos y luego en situaciones semejantes contar con dicha información nos mantuvo a salvo.