Se puede decir que dentro de cada uno de nosotros conviven dos mentes, una de ellas, la más antigua evolutivamente hablando, es la mente emocional y la otra la racional, que evolucionó mucho después. Las respuestas que obtenemos de la mente emocional son rápidas, sin
intervención de la parte racional y nos impulsan a la acción. Todas las respuestas emocionales se pueden englobar en dos grupos: huida o lucha, aunque también se pueden dar otro tipo de reacciones como inmovilidad y sumisión. Mantener un equilibrio entre estas dos formas de reaccionar –emocional y racional- ante los estímulos tanto externos como internos es crucial para lograr estabilidad mental. La existencia de emociones básicas se apoya en la idea de que la emoción es un mecanismo de adaptación que asegura la supervivencia del individuo y la especie. Las emociones son, en
esencia, impulsos que nos llevan a actuar, programas de reacción automática con los que nos ha dotado la evolución. Cada una de ellas desempeña un papel único en nuestro repertorio emocional:--El enojo aumenta el flujo sanguíneo de las manos, también el ritmo cardíaco y la tasa de hormonas que, como la adrenalina, generan la cantidad de energía necesaria para acometer acciones vigorosas.
--En el caso del miedo, la sangre se retira del rostro y fluye a la musculatura esquelética larga, como las piernas, favoreciendo así la huida. Al mismo tiempo, el cuerpo parece paralizarse, aunque sólo sea un instante, para calibrar, tal vez, si el hecho de ocultarse pudiera ser una respuesta más adecuada.

--La felicidad aporta al cuerpo la tranquilidad, el reposo, el entusiasmo y la disponibilidad para afrontar cualquier tarea que se esté llevando a cabo fomentando la consecución de una amplia variedad de objetivos.
--Con los sentimientos de ternura, amor y satisfacción sexual se consigue un estado de calma y satisfacción que favorece la convivencia.
--El sentimiento de sorpresa hace que arqueemos más las cejas para aumentar el campo visual, permitiendo recabar así mayor información para elaborar el plan de acción más adecuado.

--El gesto que expresa desagrado parece ser universal y transmite el mensaje de que algo resulta literal o metafóricamente repulsivo para el gusto o para el olfato.
--La principal función de la tristeza consiste en ayudarnos a asimilar una pérdida irreparable. La tristeza provoca la disminución de la energía y del entusiasmo por las actividades vitales. Este encierro introspectivo nos brinda así la oportunidad de llorar una pérdida o una esperanza frustrada, sopesar sus consecuencias y planificar, cuando la energía retorna, un nuevo comienzo. Esta disminución de la energía debe de haber mantenido tristes y apesadumbrados a los primitivos seres humanos en las proximidades de su hábitat, donde más seguros se encontraban.
Estas predisposiciones biológicas a la acción son moldeadas posteriormente por nuestras experiencias vitales y por el medio cultural en que nos ha tocado vivir.
El largo periodo evolutivo durante el cual fueron moldeándose estas respuestas fue, sin duda, el más crudo que ha experimentado la especie humana desde la aurora de la historia. Fue un tiempo en el que muy pocos niños lograban sobrevivir a la infancia y menos adultos todavía llegaban a cumplir treinta años, un tiempo en el que los depredadores podían atacar en cualquier momento y la muerte por inanición dependía radicalmente de la alternancia entre sequías e inundaciones. Todas estas presiones son las que terminaron convirtiendo a nuestras respuestas emocionales en un eficaz instrumento de supervivencia pero, en la medida en que han ido desapareciendo, nuestro repertorio emocional ha quedado obsoleto. Si bien, en un pasado remoto, un ataque de rabia podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte, en la actualidad el mismo ataque puede acabar en una reacción frecuentemente desastrosa.

En los últimos diez mil años la civilización ha avanzado espectacularmente y las condiciones en las que ahora se encuentra el ser humano son totalmente diferentes. Las condiciones de vida han evolucionado enormemente, sin embargo, la configuración de nuestro cerebro es esencialmente la misma. Esta configuración parece derivarse de la ventaja evolutiva que supuso durante cientos de miles de años disponer de emociones e intuiciones que guiaran nuestras respuestas inmediatas frente a aquellas situaciones que ponían en peligro nuestra vida, situaciones en las que ponernos a pensar en la reacción más adecuada podía tener consecuencias letales.
Firmado;Victor Roman


Olvidé poner que el artículo hacer referencia principalmente a alguno de los capítulos del libro "Inteligencia Emocional" de Daniel Goleman
ResponderEliminarGracias por la aclaracion.Ahora todo toma sentido.Sobre la evolucion del cerebro estoy totalmente de acuerdo e incluso diria que dentro de cientos de miles de años no evolucionara casi nada,sobre todo algunos especimenes.
ResponderEliminarBuen articulo
MU MU MUCHACHUI
Qué gran tipo el Goleman!!!y qué gran libro. Mal que les pese a los relamidos y serios mastodontes de la psicología cognitiva.¿Conoces el de Joseph Le Doux ""El cerebro emocional"?. Es otro magnífico libro que ahonda en tu tema. En cuanto tenga un poquillo más de tiempo, "te cuestioneo" alguna cosilla de estos interesantes episodios tuyos. Que ganas no me faltan.
ResponderEliminarNo te quedes con la gana y cuestiona todo lo que no te encaje, yo prometo darte cumplida respuesta...
ResponderEliminarNo conozco a Le Doux y si añade algo a los 3 libros que Goleman escribió sobre la Inteligencia Emocional lo leeré.
Saludos